...!Oh
Virgen Inmaculada, Madre del Verdadero Dios y Madre
de la Iglesia!. Tú que desde este lugar manifiestas
clemencia y tu compasión a todos los que solicitan
tu amparo, escucha la oración que con filial confianza
te dirigimos y preséntala ante tu Hijo Jesús, único
redentor nuestro.
...Madre
de Misericordia, maestra del sacrificio escondido
y silencioso, a tí, que sales al encuentro de nosotros
pecadores, te consagramos también nuestra vida, nuestros
trabajos, nuestras alegrías, nuestras enfermedades,
nuestros dolores.
...Todo
lo que tenemos y somos ponemos bajo tu cuidado, Señora
y Madre Nuestra. Queremos ser totalmente tuyos y
recorrer contigo el camino de una plena fidelidad
a Jesucristo en su Iglesia. No nos sueltes de tu
mano amorosa. Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas.
Te pedimos por todos los obispos, para que conduzcan
a los fieles por senderos de intensa vida cristiana,
de amor y de humilde servicio a Dios y a las almas.
Contempla esta inmensa mies e intercede para que
el Señor infunda hambre de santidad en todo el pueblo
de Dios y otorgue abundantes vocaciones de sacerdotes
y religiosos, fuertes en la fe y celosos dispensadores
de los misterios de Dios.
...Concede
a nuestros hogares la gracia de amar y de respetar
la vida que comienza con el mismo amor con el que
concebiste en tu seno la vida del Hijo de Dios. Virgen
Santa María, Madre del amor hermoso, protege a nuestras
familias para que estén siempre muy unidas y bendice
en tu seno la vida de nuestros hijos.
...Esperanza
nuestra, míranos con compasión, enseñándonos a ir
continuamente a Jesús y, si caemos, ayúdanos a levantarnos,
a volver a él, mediante la confesión de nuestras
culpas y pecados en el sacramento de la penitencia,
que trae sosiego al alma. Te suplicamos nos concedas
un amor muy grande a los santos sacramentos, que
son como las huellas que tu Hijo nos dejó en la tierra.
...Así,
Madre Santísima, con la paz de Dios en la conciencia,
con nuestros corazones libres del mal y de odios,
podremos llevar a todos la verdadera alegría y la
verdadera paz, que vienen de tu Hijo, nuestro Señor
Jesucristo, que con Dios Padre y con el Espíritu
Santo, vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
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